Capítulo 6: Incongruencias de la vida

incongruencias de la vida– Helena, chica… No te veo disfrutar de la vida… No te veo…, no sé, fluir. – Laura acompañaba cada una de sus palabras con llamativos aspavientos – No sé cómo decírtelo: Te rayas demasiado. Las cosas no son tan complicadas como las pintan. Haz lo que te guste, no hagas caso a los demás y desencorsétate un poco, cariño, que estás muy tiesa… – Su amiga del alma volvía a la carga con su típico speech de hedonismo desenfadado…

– Ya, Laura, que sí, que si cierras los ojos y deseas algo muy fuerte, muy fuerte, todo el universo conspira para conseguirlo ¿verdad? – Replicó Helena con su usual ironía.- Las tazas con mensajes de “Mr Wonderful” están ya muy vistas ¿No te parece?

Aquel comentario pareció hacerle un poquito de “pupa” a la visceral Laura.

– No me trates como si fuera subnormal ¿Vale? En esta estúpida sociedad de “postureo” parece que solo se puede molar si tienes angustia existencial. –Argumentaba Laura con sorna. – Pues yo disfruto de la vida ¿Y qué coño pasa? Me gustan los pequeños gestos, los detalles del día a día: Cuando se me cae el móvil del bolso en el metro y todavía hay alguien que sale corriendo y pierde su parada para dármelo. Cuando mi compi de piso me deja un mensaje de buenos días en la nevera; o cuando rescato un gato abandonado de la calle…

Helena comenzó a reírse. Su mirada denotaba cierta condescendencia.

– Ay, Laura, me encantas porque eres tan buena… Esos detalles son muy bonitos y a mí también me encantan. Pero los que dominamos el mundo no somos los salvadores de gatos. Todo lo contrario… El mundo está lleno de mierda. Está podrido. – Ahora era Helena la que comenzó al alzar la voz y mover las manos, concentrando toda su energía en aquel encendido discurso.- Los bancos, las grandes empresas, los políticos reconvertidos a empresarios… Esa enorme puerta giratoria que da vueltas y vueltas entre amiguismos e intercambios de favores, haciéndonos creer que somos dueños de nuestras decisiones y nuestros votos… Condenándonos a trabajar por sueldos miserables y a ahorrar tres céntimos al mes para gastárnoslos en cosas que no necesitamos. Convenciéndonos de que defienden la paz y la democracia y vendiendo a su vez armas a aquellos que amenazan con acabar con todo esto… – Helena dió un largo trago a su copa de Seagram’s con Nordic Mist y continó con su hablar acelerado. – Comemos pollos y vacas engordados y maltratados, criados en granjas de forma masiva. Llevamos ropa que han hecho niños más pequeños que tu sobrino…. ¡Y todo el mundo lo sabe pero mira para otro lado! ¿Cómo puedo ser feliz con todo esto? Dime… ¿Cómo?

d6e9e3333adba075ab4b6625e7e0dd0aLaura llevaba un rato observando a su amiga con gesto impasible. Seria y pensativa. Algo realmente extraño, teniendo en cuenta su natural verborrea. De hecho, tardó varios segundos hasta que le dio réplica.

– Vamos a la calle a fumar un piti.- Sentenció.

Después de coger los abrigos, bolsos, ponerse el consabido sello para poder volver a entrar al garito, y dejar las copas en una esquina tras un breve rifirrafe con el musculitos de la puerta, continuaron con la disertación de la noche.

– ¿Sabes Helenita lo que más gracia me hace de tu discurso? –Aspiró una honda calada de humo y continuó.- Que hablas de incongruencias pero tú eres la incongruente “number one”.

Helena alzó las cejas en señal de incredulidad e intentó intervenir, pero Laura le cortó enseguida.

– Tienes razón: El mundo es una mierda y todos lo sabemos. Y nos da mucha pena y compartimos nuestra indignación en Facebook… Pero no hacemos nada. Absolutamente nada. – Entonces dirigió su mirada acusatoria hacia su amiga.- Tú tampoco haces nada. Y lo peor de todo no es eso… Lo peor de todo es que quieres hacerte creer a ti misma y a todos los que estamos a tu alrededor que todo esto te pesa un montón y que por eso estás jodida. Pero es mentira. Lo que a ti te pasa es que tienes 30 años, ganas un sueldo de mierda y te sientes sola. Y no encuentras un maromo que satisfaga tus necesidades… ¡Al final quieres llevar la misma vida que todos! ¡Todo aquello de lo que reniegas es lo que te frustra porque no tienes!

A medida que Laura hablaba, un nudo iba escociendo cada vez más la garganta de su amiga. Los ojos le brillaban y las ganas de explotar con un denso y desesperado llanto eran cada vez más irresistibles. Pero consiguió mantener el tipo. No lloró. Simplemente, apago su cigarro y entró de nuevo al bar sin mediar palabra. Su mejor amiga, la inconsciente y alocada Laura, le había metido el dedo en la llaga. Y lo que más le molestaba es que, rascando mucho, mucho… En el fondo de todo aquel sin sentido había un poquito de razón. Solo un poquito.

Miró su móvil. Se encontró con el WhatsApp de su amigo, el guiri de las croquetas. Aquel pipiolo de Bradford, que a sus 22 primaveras tenía un peligroso parecido a Ryan Goslin y con quien compartió una noche loca revolcándose y rebozándose cual bechamel y pan rallado.

Y pensó: “Total, si soy tan frívola y simple como todos los demás, por qué no disfrutar y dejar de comerme la cabeza, como todos los demás…”

Dio el último trago a su copa y salió del local. Justo en eso momento se cruzó con Laura, que entraba de la calle. Incrédula, esta exclamó:

-¿Y ahora a dónde vas? …


PRÓLOGO

Parte I – Incubación


 

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