Helena por fascículos

Prólogo

En enero de 2015 rescaté de lo más recóndito de mi imaginación a Helena. Ella es una chica divertida, creativa, soñadora… En ocasiones perdida, en ocasiones asfixiada. A veces tímida y otras extravagante.

A veces Helena quisiera romper con todo lo establecido y otras gritaría desesperada por no salirse ni un ápice del guión. A veces daría lo que fuera porque su tez morena no desentonara  entre la blanca estela de lana que deja a su paso el ingente rebaño de ovejitas. Esas ovejitas que respetan cada punto y coma del guión. Que saben cómo comportarse en cada momento de su existencia: dónde trabajar para ganarse la vida, qué comer para conservar la línea, con quién juntarse para ser bien vista y qué pensar para ser feliz. O qué no pensar par no ser infeliz…

Desde su adolescencia, en octavo de EGB, Helena estuvo en ese limbo entre los “guays” y los “marginados”. Entre los líderes del rebaño y las ovejas negras. Entre los “mainstream” y los “outsiders”. Quería ser aceptada entre el círculo de la gente “cool” pero, muchas veces, consideraba mucho más interesantes las charlas con los pringados de clase. Estos últimos estaban flipando con el descubrimiento de Sartre y el existencialismo, con el Mayo del 68, con el 2 de mayo en Madrid y las pinturas negras de Goya, con las teorías económicas de Marx y Keynes… Y los “cool” hacían botellón y se enrollaban entre ellos. Y ya.

En fin, que Helena es un saco de contradicciones. Y está perdida. Y a veces es feliz y otras profundamente triste. Y disfruta de la vida. Y se arrepiente. Y se emborracha. Y se enamora. Y se desenamora. Y se desengaña. Y se autoengaña. Y se ilusiona. Y se ríe…

¿Te recuerda en algo a ti?…

Parte I – Incubación

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