Capítulo 5: Depresión postcoital

beso-HelenaHelena se fue de casa de sus padres con ganas de desfogarse. Quería olvidar aquel murmullo constante: “Encuentra un buen trabajo, encuentra un buen hombre… cásate y ten muchos hijos y haz lo que se espera de cualquier mujer de bien…”

¡A la mierda! ¡Hombre ya…! Al contrario, Helena pensó en hacer todo lo que se espera de cualquier desastre de mujer… Salir de noche, dormir de día, no cumplir propósitos y arrepentirse sistemáticamente de todas sus decisiones. Y con ese firme propósito cruzó el umbral del bar de siempre donde encontró en la postura de siempre a su amiga de siempre. A Laura.

– ¡Tíaaaaa! ¡Por fin llegas!
– Lo siento, Laurita, estaba en casa de mis padres… ¡Vaya cena me han dado! – Escupió Helena con gesto de querer estrangular a alguien.

Laura no se interesó demasiado por los entresijos familiares de su amiga del alma. Pronto comenzó a contar con pelos y señales su propia película, cuyo principal papel protagonizaba ella misma y cuyo partenaire era un galán retraído e hipocondriaco.

– ¡No te crees que a Unai se le ha caído la alcachofa de la ducha en el pie y le he tenido que llevar a urgencias….! Se ha roto el hueso sesamoide, o sesamoideo… No me acuerdo bien.

Laura quiso preguntar qué le había pasado, pero su amiga no le dejó turno para réplica. Continuó hablando atropelladamente, sin dar tregua a sus pulmones para coger un poco de aire.

– Es que estábamos haciendo…, bueno, una postura muy rara… Y se clavó el culo en el grifo. Cuando se quiso separar se enredó con la manguera de la ducha y, al tirar, la alcachofa se soltó y cayó en su pie. Tenías que ver la estampa… Él retorciéndose de dolor y yo, que le quise ayudar, me resbalé y acabé espatarrada en la ducha… Pero a mi no me pasó nada ¿Qué raro, verdad?- Concluyó, irónica.

La relación entre Laura y su peculiar amigo “íntimo” giraba en torno a las enfermedades de este último. Bueno, a eso, y a los monólogos de ella, principal protagonista. Se conocieron en la cola del baño de un vuelo a Berlín, mientras él esperaba a limpiarse su nariz ensangrentada a causa de la alta presión. Desde ese mismo instante, surgió la complicidad entre ambos. Decidieron continuar el viaje juntos. Dejaron colgados a sus amigos y se cogieron una habitación en un pequeño hostal de Kreuzberg, el barrio más hipster de la capital alemana.

Él era callado y taciturno, y podía parase horas escuchando los hilarantes disquisiciones de su repentina compañera de viaje. La situación era perfecto para ella, quien gozaba cual diva pudiendo soltar su torbellino de elucubraciones mentales sin tener que respetar el turno para poder seguir hablando.

mensajes de whatsApp

Los dos tenían ese punto de locura… Ella lo dejaba salir a la intemperie, y él se lo guardaba para sí, lo que le daba un halo de intelectual-desquiciado-místico-espiritual que a Laura le volvía completamente loca.

Pero el viaje se truncó inesperadamente: El tercer día fueron a cenar a un asiático y al muchacho pareció sentarle mal. El dolor no remitía. Al contrario, cada vez era más intenso. Y lo que parecía una simple indigestión se convirtió en una peritonitis aguda.
Laura y Unai pudieron comprobar que los servicios sociales alemanes no son tan bonitos como los pintan. Por ser extranjero, Unai tuvo que esperar más de la cuenta para la operación y estuvo a punto de extirparse la apéndice con sus propias manos a causa del dolor.

Pero la aventura hospitalaria les unió aún más y desde entonces no se volvieron a separar. No tenían una relación seria, pero disfrutaban el uno del otro. Ella del silencio de él y él del bullicio de ella. Además, eran híper compatibles en la cama. Tal como decía Laura: “Debe concentrar toda la sangre en el pene y por eso enferma tanto… ¡no le quedan defensas para el resto del cuerpo!”.

– ¡Ah! Y no sabes otra que me ha dicho a la vuelta del ambulatorio.- Laura seguía, sin freno….
– Que está deprimido. ¿Y sabes por qué? – Helena ya había medio desconectado, pero en esta ocasión su amiga esperaba una respuesta.
– ¿Por qué, Laura, por qué? – Respondió Helena, desganada.
– Pues tía, ¡Porque follamos demasiado! ¿Te parece a ti esa una razón? Precisamente, eso es lo que a mi me gusta de nuestra relación…
– Hija, igual quiere algo más serio, yo que sé. Igual le gustas de verdad.

En esas estaban cuando Helena encontró entre los 125 mensajes de WhatsApp del grupo “Girls Power” y los 35 de “Latineo dominguero”, uno de un número que no tenía guardado.

– Hi, chica guapa española. I am still waiting to taste your amazing croquetas. I’ll bring the wine.

No…. el guiri de las croquetas no…. Aquel Tom de Bradford parecía ya un recuerdo difuso tras la resaca posterior.

Helena levantó la vista y le preguntó a su amiga.

– Laura, cariño, ¿Por qué soy tan pringada?


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Capítulo 3: El ladrón de ideas

chico hipster tomando un caféHelena llegó tarde a la reunión con su principal cliente. Había tenido una noche movidita con el guiri de las croquetas y ya iba con el tiempo justo. Pero si eso no era suficiente, el metro tuvo que detenerse tres paradas antes de su destino, por lo que le tocó cambiar de línea y esperar a que llegara el siguiente tren. No había comenzado la mañana con buen pie, eso estaba claro… Y además tenía un dolor de cabeza atroz y unas ojeras que le llegaban hasta la barbilla.

Entró en la sala de reuniones con los mofletes rojos y cara de velocidad. Estaba despeinada e iba barriendo el suelo con la bufanda. Llevaba apilados en los brazos todo tipo de adminículos que se le iban a caer de un momento a otro: iPad, bolso, maletita para el tupper, cuaderno…. Lo primero que vieron sus ojos al cruzar el umbral de la puerta fueron 6 miradas inquisidoras observándola fijamente.

Perdón por la tardanza – balbuceó con voz retraída, y se sentó de inmediato.

A Helena le tocaba lidiar desde hacía dos años con la jefa de marketing de una empresa familiar de esas de rancio abolengo. Su estructura era jerárquica y desfasada, su línea de comunicación rancia, y su capacidad para la innovación nula. Pues bien, a algún señor con corbata de los que encabezan la pirámide de mando, había hablado con su hijo pequeño y le había dicho que los jóvenes ya no ven la tele y que ellos también tenían que hacer algo “guay” en Youtube o Instagram. Pues eso era lo que había la agencia de Helena, llevar la campaña de comunicación digital de una empresa que todavía utiliza el fax como principal medio de comunicación. Y ahora les tocaba la ardua tarea de acercar su última colección de moda al público joven.

Con esa información salió Helena de la reunión. Era el momento de sentarse con sus colegas creativos para darle vueltas a la cabeza hasta que se les encendiese la bombilla. Helena admiraba sinceramente a algunos de sus colegas; sin embargo, estaba bastante hasta el gorro de sus arranques de ego. A ella le tocaba el trabajo sucio: el de gestionar las campañas, escuchar a los clientes y pedir cambios cuando estos no quedaban satisfechos. Pero ellos, los fabulosos creativos, eran seres divinos, iluminados por su extraordinaria inteligencia y genialidad sin igual.reunión de trabajo

Ella tenía que estar en la oficina a las 9 en punto y raro era el día en el que salía a su hora. En cambio, la “isla de los magníficos“, como solían llamarla, estaba desierta hasta bien entradas las 11 de la mañana, y allí circulaba sin pudor el tabaco y el alcohol, por no hablar de otro tipo de sustancias psicotrópicas que se movían extraoficialmente.

Helena estaba cansada de proponer ideas que nunca llegaban a nada. A veces, cuando salía a fumar con Valerie, su jefa, ésta le contaba anécdotas sobre cómo iba el “desarrollo creativo” de algunos de los proyectos más importantes de la compañía, y Helena no ponía reprimir sus ganas de hablar. Empezaba a lanzar ideas al aire, algunas torpes, otras realmente buenas. Pero su jefa siempre encontraba algún fallo, algún tropiezo u obstáculo del que Helena no se había percatado.

Otra de las peculiaridades de su agencia, que Helena llevaba muy a duras penas, era la fiebre compulsiva de “postureo”. Allí nadie era nada si no utilizaba anglicismos cada dos palabras:

“Esta reunión de kick off es fundamental para preparar al briefing de nuestra campaña de engagement y así convertirnos en el top of mind de nuestro target.”

O lo que es lo mismo: Vamos a pensar que hacemos para acercarnos a nuestro público…

La cuestión es que los creativos comenzaron rápidamente con el brainstorming, o hablando en cristiano, empezaron a escupir chorradas sin filtro a ver si así se les ocurría algo. El caso es que después de 45 minutos de estupideces del tamaño de un tanque japonés, Jaime alzó la voz. Se trataba de uno de los creativos que Helena más detestaba. Era terco, egocéntrico y nunca cedía a los razonamientos de Helena.

– Pongamos a los padres la ropa de los hijos, y a los hijos la de los padres.

– ¿Qué conseguiremos con eso, Jaime?

Apostilló Laura, la mejor amiga de Helena, quien además compartía con ella el mismo odio visceral por “el listo de los pelos“, como le solían llamar.

– Los padres se sentirán más jóvenes, activos y les dará por probar sensaciones nuevas que ya no creían para ellos. A los chavales puede que les tomen más en serio en el “insti”, y se sientan obligados a ser más responsables.

– Genial, Jaime… ¿Y?

Replicó Laura.

– ¿Es que no lo ves guapita?

Contestó Jaime con chulería.

– Primero, nos acercaremos al público joven, el que jamás se había fijado en esta marca de ropa, ya que nos meteremos en sus vidas, como en un puto Gran Hermano… Y después demostraremos que la ropa no es solo una camisa o unos vaqueros, sino que es una actitud. Que la ropa nos condiciona y nos identifica con lo que somos y queremos proyectar. Y ahora Peter & Co mola, ahora es puta tendencia y hasta el jodido Justin Bieber querrá formar parte de ella…

Valerie, comenzó a dibujar una sonrisa cada vez más entusiasta, mientras Helena echaba humo desde lo más profundo de su fuero interno. Hacía un par de meses, en uno de los descansos para comer, Helena hizo una propuesta casi idéntica, pero en este caso para una conocida marca de estética. Y Jaime se rió de ella sin piedad.

Ahora “el listo de los pelos” se había apropiado de la magnífica idea de Helena. Sí, de esa mismita que acusó de inocente y pueril. Y Helena no estaba dispuesta a cruzarse de brazos. Su mirada se encontró con la de su inseparable Laura. No hacía falta que hablasen. Sabían perfectamente en qué consistirían los próximos pasos. Porque ambas tenían muy claro que la venganza se sirve en plato frío.


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Capítulo II: Making “la croqueta”

A Helena se le olvidó escribir uno de sus más importantes propósitos en aquella lista que escribió en una servilleta de papel la noche del 31. Mejorar su inglés.

Con esa intención, y también con la de conocer gente nueva y respirar un poco de viento fresco, decidió ir con unos compañeros de trabajo a un bar de esos en los que hacen intercambio de idiomas. Sí, esos lugares donde una docena de guiris se juntan con cinco españoles borrachos y se dedican a contarse trivialidades en una extraña suerte de spanglish embriagado.

Se trataba de un espacio coqueto y vintage frecuentado por un alto índice de hipsters malasañeros. Un espacio “multidisciplinar” en el que puedes realizar actividades de muy diversa índole. Un día saboreas un delicioso cupcake de zanahoria mientras ojeas lo último de Murakami; y otro acabas chaporreando tu perfecto inglés de cuenca con un ex bróker californiano que lo dejó todo para montar una app de intercambio de cromos.

Y ahí estaba Helena. Después de 4 botellines de Mahou y 2 improvisados chupitos de Jägeirmeister. Un miércoles a las 00:45 de la noche. Con una reunión a  las 10 de la mañana del día siguiente en las oficinas de su principal cliente. No había tenido tiempo de terminar de prepararse la presentación, pero pensó llegar pronto a casa para dar el último repaso al Power Point.

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Esa intención se desvaneció tan pronto como subieron los 35 grados del segundo chupito de Jäger. De repente, se vio riendo a carcajada limpia mientras un jovencísimo estudiante de Relaciones Internacionales le abrazaba por la cintura. Se llamaba Tom y había pasado los primeros 22 años de su vida en Bradford. Una bonita ciudad al oeste de Leeds conocida por su intensa actividad cultural y por ser “la capital mundial de la lana”. Hace unos meses había llegado a Madrid para cursar un máster de estudios africanos, o algo así le pareció entender…

Eso era todo lo que sabía de él. Bueno, eso y que tenía una perfecta combinación de rasgos que le hacían parecerse de forma casi enfermiza a Ryan Gosling.

Ella le estaba intentando explicar cómo se hacen las croquetas, su plato estrella; y él le replicaba diciendo que esa receta no tendría nada que hacer al lado del Sunday Roast de su madre.

– If your “croquetas” are so tasty, when will you let me try?

Preguntaba picaronamente el jovencito british. Helena reía coqueta.

– I’don’t know… when ever you want!

El juego de las  recetas llegó muy lejos. Tan lejos como el taxi que les acercó a casa de Helena. Sabían que no era momento de ponerse a freír croquetas, pero quizá entre ellos sí podrían hacer la croqueta… Y dar vueltas y rebozarse cual bechamel y pan rallado.

La noche fue larga, inesperada, divertida, emocionante….Helena se sintió guapa. Sintió que cualquiera que se le acercase estaría encantado de escuchar su voz… ¡Y se sintió capaz de aprobar el proficiency sin el menor esfuerzo!

Pero ahora torpedeaba el despertador como un martillo ametrallando su cabeza. Tenía que recobrar la conciencia, poner los calzoncillos a un guiri imberbe e irse a trabajar.

En la estación del metro, mientras se hacía paso entre la masa de autómatas que se dirigen con rumbo fijo hacia sus triste rutina, Helena sintió angustia. Se sintió como el papel de mocos que anda perdido por el bolso y se tira en la primera limpieza. Como un mechero sin gas, como una promoción caducada…

Se sintió perdida, triste y sola. Sintió que sobraba y que todo afán por captar la atención de su alrededor al final se tornaba de forma cruel, haciendo evidente lo que quería ocultar. Como quien grita y se mofa de tus más íntimos secretos.

Y además se sintió irresponsable. Y estúpida.

 ¿Por qué hago estas cosas? ¿Por qué no aprendo?

Intentó buscar la respuesta pero el dolor de cabeza reincidió. Entonces encendió su iPad y comenzó a repasar su Power Point.


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Capitulo I. Lista de propósitos

Helena es una chica bastante normal. Es mona, pero tampoco un bellezón. Es aguda e inteligente, pero nunca destacó en el colegio o en la universidad. Nunca fue una de esas personas a las que todo el mundo admira por su oratoria y don de gentes. En las charlas y debates multitudinarios siempre comienza muy interesada, pero cuando se da cuenta que no la van a dejar intervenir por mucho que alce la voz, acaba desconectando y aburriéndose soberanamente. A ella se le dan mejor las conversaciones de a dos, cuando siente que su interlocutor le escucha y no solo espera el turno para volver a hablar. Pero esa sensación la ha sentido escasas veces en su vida.

No tiene mil amigos, ni pasa las vacaciones en su segunda residencia en Mallorca. Hace tiempo que se cansó de subir fotos de su gato a Instagram y solo utiliza las redes sociales para informarse de los próximos conciertos a los que ir y las pelis que quiere ver. No tiene novio, y el reloj biológico comienza a sonar insistentemente. Nunca soñó con una boda de princesa edulcorada ni con lanzarle el ramo a su mejor amiga embutida en un palabra de honor de color lavanda. Pero sí quiere ser feliz y sabe que la felicidad pasa, en cierto modo, por ser aceptada por los demás.

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Ha escuchado mil veces esa bazofia de que para ser feliz primero tenemos que estar bien con nosotros mismos y solo así conseguiremos estar bien con los demás. ¡Pero si ella está genial consigo misma! Ella se quiere y se gusta tal y como es, pero a veces piensa que o el resto del mundo es extraterrestre o que ella nació en el planeta equivocado. Y se siente perdida y sola. Y le da rabia, porque mientras mira con superioridad a su alrededor por vivir en un mundo vano y superfluo, no puede evitar morirse de ganas por formar parte de él, y ser aplaudida y respetada.

Le han hecho daño. Muchas veces. Es una persona sincera y entregada. Sabe que es un error porque le decepcionan frecuentemente, pero no encuentra sentido a vivir en un mundo de miedo y desconfianza. Se ha tirado a la piscina mil veces y mil veces se ha dado de bruces contra el suelo. Pero se levanta y sigue adelante. Una y mil veces.

No le gustan los domingos, como a la mayoría de la gente. Y cuando no está muy ocupada se deprime porque tiene más tiempo para pensar en todo aquello que no le gusta de su vida pero no se atreve a cambiar.

Al fin y al cabo, Helena es una chica bastante normal. Con sus días de bajón, como todo el mundo… pero también con ataques de risa compulsivos, vestidos de flores, caricias de gato, notitas de buenos días en la nevera, pelis moñas que le alegran el día, enormes platos de espagueti y plantas a las que canta cada día para que crezcan más fuertes y hermosas.

Helena celebró la noche vieja con todos y cada uno de los miembros de su vasta familia, a cada cual más excéntrico. Y después de las uvas bajó al centro a tomarse unas copas con los amigos y acabó bastante perjudicada. Una vez más, como la gran mayoría de la gente. Esa misma noche hizo una típica lista de propósitos entre los que se encontraban los siguientes: dejar de fumar, hacer ejercicio, comprar más alimentos bio y encontrar un trabajo que cumpliera con sus aspiraciones profesionales. Lo que no puso en la lista, quizá por vergüenza o por no parecer la típica niña tonta, es poder enamorarse de verdad de una persona inteligente y divertida que no resultase ser, de nuevo, un enorme hijo de puta.

Y sabe perfectamente que no cumplirá ninguno de los objetivos que escribió en su lista si no es gracias a una impredecible racha de suerte. Ella, de nuevo como la mayoría de la gente, es la reina de la procrastinación, y a no ser que coincida en el metro con un monje tibetano que le abra los ojos sobre el sentido de la vida, un cambio drástico es, a decir verdad, improbable.

Pero sí tiene esperanza con respecto a su objetivo secreto no verbalizado. Sí, tiene esperanzas respecto al amor. Porque ella es una persona más compleja y trascendente. Ella no cree que la sociedad deba imponernos un estilo de vida cuyo máximo exponente de éxito sea vivir en pareja y tener un buen trabajo que nos permita consumir sin parar bienes que no nos hacen felices. Claro que no, ella está por encima de todo eso…

Pero también quiere un poco de cariñito. Como todos.


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