Jóvenes aunque sobradamente preparados

-Where are u?

-Somewhere called La Realidad. Corredera Baja de San Pablo Street.

-I know that place! Give me 5 minuts.

Helena circulaba por las bulliciosas calles de Malasaña inmersa en los ágiles movimientos de sus dedos sobre el teclado de su Samsung Galaxy. Sin saber cómo ni por qué, se disponía a quedar con un guapo jovencito inglés del que apenas recordaba su cara y con una caterva de guiris desconocidos con unas cuantas cervezas de más.

Frente a la puerta del bar donde habían quedado, Helena frenó en seco y respiró hondo. Todavía estaba a tiempo de irse, de abandonar aquel impulso irreflexivo producto de la rabia y el despecho, más que de la atracción hacia su pretendiente. Pero sin darse cuenta ya estaba dentro. “De perdidos al río”, se dijo.

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El bar estaba atestado de gente. Tuvo que hacerse paso a codazos entre la multitud hasta que finalmente le vio. Pensaba que le costaría más reconocerle, pero allí estaba. Sin duda sus ojitos se achinaban al reír con un destello casi idéntico al de Ryan Gosling cuando miraba con cara de bobo enamorado a Rachel McAdams en el Diario de Noah. Aquel pensamiento le despertó de su letargo transitorio. ¿Semejante cursilada había brotado de su cabeza nada más ver al guiri de las croquetas? Pero si llevaba renegando de su noche loca desde el momento en que fue consciente de ello….

Se armó de valor y se acercó al grupo. Tom le dedicó una encantadora sonrisa en cuanto se percató de su presencia y le buscó un taburete para que se sentara. Dragos, un diseñador gráfico de padre rumano y madre mallorquina; Berta, una educadora social argentina; y Michael, un joven investigador del CERN con ascendencia californiana, componían la troup que acompañaba al joven de Bradford. No eran guiris descerebrados con la nariz roja y el aliento apestoso de tanto beber. Eran jóvenes cosmopolitas, cultos e inteligentes con un futuro prometedor. Sin duda, gente interesante para entablar una enriquecedora conversación.

La noche resultó divertida, estimulante, inesperada… Una suerte de spanglish de acentos varios sirvió como hilo conductor de anécdotas, preguntas e intercambios de ideas sobre la vida cultural, social y empresarial de España en comparación con el resto del mundo. Hablaron de la siesta, de los husos  horarios, del emprendimiento, de la inversión en innovación, del arte y religión… Cruzaron tópicos y no tan tópicos, rieron y bebieron… En definitiva, se divirtieron. Mientras, los ojos de Tom y Helena se encontraban durante diminutas fracciones de segundo, lo poco que ella se permitía mantener la mirada, hasta que torcía la cabeza con gesto nervioso y retomaba la conversación.

Aquella noche Helena se fue a casa sola. No quería volver a arrepentirse de tomar decisiones precipitadas. Pero cuando despidió a Tom en el umbral de su portal y cerró la puerta, su rostro dibujó una sonrisa. Por fin se iba a casa con buen sabor de boca.

Ya en la cama escribió un WhatsApp a Laura con tono conciliador. Se le había pasado la rabieta y no quería que la sangre llegara al río. Se durmió sin recibir respuesta.


PRÓLOGO

Parte I – Incubación


La Piel que Habito y el Arte

El concepto de “lo sublime” en filosofía del arte hace referencia a aquello que nos produce tanto placer al contemplarlo que finalmente nos puede llegar a asustar. Un paisaje sublime es aquel que nos perturba de tal manera que podemos llegar a sentir dolor. Se trata del placer estético que a su vez nos inquieta o nos angustia. Lo sublime es un sentimiento antagónico que, por tanto, se acerca mucho al concepto del vértigo, aquel que representaba Hitchcock en una de sus obras maestras de 1958. La atracción-repulsión, el deseo por probar aquello que nos puede hacer sufrir.[Fuente original: Culturamas]

Nada nuevo en el horizonte

En la postmodernidad, toda manifestación artística está irremediablemente vinculada a la sociedad de masas. El arte ya no es un producto restringido a una élite social, sino que cualquier persona, venga de donde venga, puede ser consumidor de arte, siempre y cuando tenga un mínimo nivel cultural y ciertas inquietudes intelectuales. Fenómenos como la globalización y los Mass Media han extendido dichas manifestaciones al bruto de nuestra sociedad. Y ahora el ciudadano de a pié puede ser creador y consumidor de arte. Un fenómeno muy gratificante y democratizador, pero que inevitablemente introduce el arte dentro del engranaje de la sociedad de consumo. Y como cualquier producto, la cultura en nuestros días se hace conscientemente efímera, y sujeta al constante devenir del mercado. [Fuente original: Tubequince]