Capítulo 4: Family Matters

cosas de familiaHelena disfrutaba de los viernes como si no hubiera un mañana. Al fin y al cabo, ella no era más que una chica del montón. Y vivía como cualquier bicho viviente. Tachando días en el calendario hasta la llegada de un fin de semana, de un puente, de unas vacaciones… Dejando pasar su vida entre metros, cafés, cruces de mails, convocatorias de reuniones y post-its con anotaciones. Como si algún día fuera a llegar el fin de semana eterno y no tuviera que esperar nunca más. ¿Quizá debería disfrutar de lo que hacía y no vivir anhelando un espejismo? Quizá… Pero seamos sinceros, no tenía ni los medios ni la fuerza de voluntad para conseguirlo. O eso pensaba ella.

La cuestión es que este viernes no quería otra cosa que descansar. Ni cerves, ni pelis, ni nada. Solo descansar. Llevaba una semanita intensa, saliendo entre semana y lidiando con los trepas de su trabajo. Pero justo cuando estaba cerrando el ordenador le llamó su madre.

Cariño ¿te acuerdas que es el cumpleaños de papá? ¿Vienes a cenar, no?

¡Horror! Lo había olvidado por completo. A la mierda su sueño dorado de llegar a casa y echarse una siesta de campeonato el único día de la semana que podía permitírselo. Tenía que ir a comprar un regalo y luego acudir a una apasionante cena entre primos, tíos y abuelos, a cada cuál más excéntrico. Y es que su familia era algo así como la Tribu de los Brady después de quince chupitos de whisky aderezados con barbitúricos. Eran divertidísimos, pero estaban locos de atar.

Cómprale a papá un jersey, que le hace mucha falta.

Vera, la madre de Helena, tenía un carácter tremendo y una falta absoluta de empatía. Eso no quería decir que no se preocupase muchísimo por los demás, que lo hacía. Pero solo se centraba en lo que ella creía que los demás necesitaban; nunca en lo que de verdad necesitaban. Si a ella le gustaba arroz con tomate, te echaba dos cucharadas, aunque tú lo aborrecieras. Si ella tenía frío, te tapaba, aunque tú estuvieras sudando. Si ella pensaba que había encontrado el hombre perfecto para ti, le acechaba en cada esquina de tu barrio hasta que le pillaba desprevenido. Y entonces le hablaba de ti hasta que le estallasen los tímpanos y tuviera que huir despavorido. Y, por supuesto, si ella creía que su marido necesitaba el quincuagésimo jersey de este invierno, no cabía duda de que lo necesitaba.

Además, Vera era una mujer de extremos. Un día te podía mirar con desprecio y decir que mejor hubiera sido criar cerdos que hijos; y otro día te comía a besos y te decía que eras el epítome de la perfección. Todos la adoraban porque se hacía querer. Pero todos la temían cuando tenía un mal día.

Pero la madre de Helena no era la única mujer de armas tomar de aquella familia. Entre los miembros de este singular clan había un hippie trasnochado con tendencia bipolar, una activista de Greenpeace casada con un senegalés profesor de Taekwondo, una mezzosoprano venida a menos y un broker antisistema.Tarta-cumpleaños- Esta noche, cuando llegó a casa de sus padres, se encontró a su tía cantando al piano una versión soul de Chop Suey! de System of a Down mientras el hippie daba clases de yoga tántrico a sus primos pequeños. Y entonces apareció la amiga cotilla de la familia, que por alguna extraña razón, era invitada a todos los eventos familiares.

¿Qué tal tu novio? ¿Tiene chatarrita? ¿Folla bien? Eso es lo más importante, hija. Me acuerdo de un italiano millonario que conocí en Santorini. Eso sí que era un tío…

Helena se zafó de ella con la misma negativa de siempre. Cuántas veces habría pronunciado las mismas palabras:

No tengo novio. Ni estoy desesperada por tenerlo, aunque todos vosotros estéis convencidos de lo contrario. Soy joven y disfruto de mi penosa vida como buenamente puedo. Y si lo único que hacéis es meterme presión, conseguiréis desesperarme. Y los tíos olerán mi desesperación y saldrán corriendo despavoridos como parece que acostumbran a hacer en los últimos tiempos ¿Es eso lo que queréis?

Y entonces era cuando su madre daba rienda suelta a su vena dramática.

Pero ¿cómo puedes acusarnos de semejante manera? Cuando lo único que hacemos es preocuparnos por ti y desearte lo mejor.

Parecía imposible que entendieran que no hacía falta tener un maromo al lado para ser feliz si no eres primero feliz contigo misma. Y lo que más le dolía, es que a veces le hacían dudarlo a ella misma. Pero después de cinco gritos y dos portazos, todo estaba arreglado. Solo era necesario que el bróker antisistema soltara una nueva y revolucionaria teoría para hacer tambalear la estabilidad del capital en pro de una economía de crowdfunding sostenible. Comenzaba el debate: todos se tiraban de los pelos y se llamaban gilipollas mutuamente. Y todo solucionado… Pero cuando Helena ya estaba tranquila y parecía que nada iba con ella, llegaba el turno de su padre.

Bueno hija, ¿Y a ti cuando te suben el sueldo?

¡Nunca! ¡Nunca! ¡Nuuuuunca! A ver cuándo se daban cuenta que el único sino de su adoraba hija era ser una mileurista solterona rodeada de gatos cuyo única satisfacción en la vida era quedarse dormida viendo telefilms cutres de sobremesa en Antena 3. Con esa bonita perspectiva vital Helana salió de casa de sus padres dispuesta a llegar al primer bar donde encontrara una cara conocida y beberse unos cuantos chupitos de lo que fuera. De repente, se le había quitado el cansancio. Qué cosas…


PRÓLOGO

Parte I – Incubación