Capítulo 6: Incongruencias de la vida

incongruencias de la vida– Helena, chica… No te veo disfrutar de la vida… No te veo…, no sé, fluir. – Laura acompañaba cada una de sus palabras con llamativos aspavientos – No sé cómo decírtelo: Te rayas demasiado. Las cosas no son tan complicadas como las pintan. Haz lo que te guste, no hagas caso a los demás y desencorsétate un poco, cariño, que estás muy tiesa… – Su amiga del alma volvía a la carga con su típico speech de hedonismo desenfadado…

– Ya, Laura, que sí, que si cierras los ojos y deseas algo muy fuerte, muy fuerte, todo el universo conspira para conseguirlo ¿verdad? – Replicó Helena con su usual ironía.- Las tazas con mensajes de “Mr Wonderful” están ya muy vistas ¿No te parece?

Aquel comentario pareció hacerle un poquito de “pupa” a la visceral Laura.

– No me trates como si fuera subnormal ¿Vale? En esta estúpida sociedad de “postureo” parece que solo se puede molar si tienes angustia existencial. –Argumentaba Laura con sorna. – Pues yo disfruto de la vida ¿Y qué coño pasa? Me gustan los pequeños gestos, los detalles del día a día: Cuando se me cae el móvil del bolso en el metro y todavía hay alguien que sale corriendo y pierde su parada para dármelo. Cuando mi compi de piso me deja un mensaje de buenos días en la nevera; o cuando rescato un gato abandonado de la calle…

Helena comenzó a reírse. Su mirada denotaba cierta condescendencia.

– Ay, Laura, me encantas porque eres tan buena… Esos detalles son muy bonitos y a mí también me encantan. Pero los que dominamos el mundo no somos los salvadores de gatos. Todo lo contrario… El mundo está lleno de mierda. Está podrido. – Ahora era Helena la que comenzó al alzar la voz y mover las manos, concentrando toda su energía en aquel encendido discurso.- Los bancos, las grandes empresas, los políticos reconvertidos a empresarios… Esa enorme puerta giratoria que da vueltas y vueltas entre amiguismos e intercambios de favores, haciéndonos creer que somos dueños de nuestras decisiones y nuestros votos… Condenándonos a trabajar por sueldos miserables y a ahorrar tres céntimos al mes para gastárnoslos en cosas que no necesitamos. Convenciéndonos de que defienden la paz y la democracia y vendiendo a su vez armas a aquellos que amenazan con acabar con todo esto… – Helena dió un largo trago a su copa de Seagram’s con Nordic Mist y continó con su hablar acelerado. – Comemos pollos y vacas engordados y maltratados, criados en granjas de forma masiva. Llevamos ropa que han hecho niños más pequeños que tu sobrino…. ¡Y todo el mundo lo sabe pero mira para otro lado! ¿Cómo puedo ser feliz con todo esto? Dime… ¿Cómo?

d6e9e3333adba075ab4b6625e7e0dd0aLaura llevaba un rato observando a su amiga con gesto impasible. Seria y pensativa. Algo realmente extraño, teniendo en cuenta su natural verborrea. De hecho, tardó varios segundos hasta que le dio réplica.

– Vamos a la calle a fumar un piti.- Sentenció.

Después de coger los abrigos, bolsos, ponerse el consabido sello para poder volver a entrar al garito, y dejar las copas en una esquina tras un breve rifirrafe con el musculitos de la puerta, continuaron con la disertación de la noche.

– ¿Sabes Helenita lo que más gracia me hace de tu discurso? –Aspiró una honda calada de humo y continuó.- Que hablas de incongruencias pero tú eres la incongruente “number one”.

Helena alzó las cejas en señal de incredulidad e intentó intervenir, pero Laura le cortó enseguida.

– Tienes razón: El mundo es una mierda y todos lo sabemos. Y nos da mucha pena y compartimos nuestra indignación en Facebook… Pero no hacemos nada. Absolutamente nada. – Entonces dirigió su mirada acusatoria hacia su amiga.- Tú tampoco haces nada. Y lo peor de todo no es eso… Lo peor de todo es que quieres hacerte creer a ti misma y a todos los que estamos a tu alrededor que todo esto te pesa un montón y que por eso estás jodida. Pero es mentira. Lo que a ti te pasa es que tienes 30 años, ganas un sueldo de mierda y te sientes sola. Y no encuentras un maromo que satisfaga tus necesidades… ¡Al final quieres llevar la misma vida que todos! ¡Todo aquello de lo que reniegas es lo que te frustra porque no tienes!

A medida que Laura hablaba, un nudo iba escociendo cada vez más la garganta de su amiga. Los ojos le brillaban y las ganas de explotar con un denso y desesperado llanto eran cada vez más irresistibles. Pero consiguió mantener el tipo. No lloró. Simplemente, apago su cigarro y entró de nuevo al bar sin mediar palabra. Su mejor amiga, la inconsciente y alocada Laura, le había metido el dedo en la llaga. Y lo que más le molestaba es que, rascando mucho, mucho… En el fondo de todo aquel sin sentido había un poquito de razón. Solo un poquito.

Miró su móvil. Se encontró con el WhatsApp de su amigo, el guiri de las croquetas. Aquel pipiolo de Bradford, que a sus 22 primaveras tenía un peligroso parecido a Ryan Goslin y con quien compartió una noche loca revolcándose y rebozándose cual bechamel y pan rallado.

Y pensó: “Total, si soy tan frívola y simple como todos los demás, por qué no disfrutar y dejar de comerme la cabeza, como todos los demás…”

Dio el último trago a su copa y salió del local. Justo en eso momento se cruzó con Laura, que entraba de la calle. Incrédula, esta exclamó:

-¿Y ahora a dónde vas? …


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Capítulo 5: Depresión postcoital

beso-HelenaHelena se fue de casa de sus padres con ganas de desfogarse. Quería olvidar aquel murmullo constante: “Encuentra un buen trabajo, encuentra un buen hombre… cásate y ten muchos hijos y haz lo que se espera de cualquier mujer de bien…”

¡A la mierda! ¡Hombre ya…! Al contrario, Helena pensó en hacer todo lo que se espera de cualquier desastre de mujer… Salir de noche, dormir de día, no cumplir propósitos y arrepentirse sistemáticamente de todas sus decisiones. Y con ese firme propósito cruzó el umbral del bar de siempre donde encontró en la postura de siempre a su amiga de siempre. A Laura.

– ¡Tíaaaaa! ¡Por fin llegas!
– Lo siento, Laurita, estaba en casa de mis padres… ¡Vaya cena me han dado! – Escupió Helena con gesto de querer estrangular a alguien.

Laura no se interesó demasiado por los entresijos familiares de su amiga del alma. Pronto comenzó a contar con pelos y señales su propia película, cuyo principal papel protagonizaba ella misma y cuyo partenaire era un galán retraído e hipocondriaco.

– ¡No te crees que a Unai se le ha caído la alcachofa de la ducha en el pie y le he tenido que llevar a urgencias….! Se ha roto el hueso sesamoide, o sesamoideo… No me acuerdo bien.

Laura quiso preguntar qué le había pasado, pero su amiga no le dejó turno para réplica. Continuó hablando atropelladamente, sin dar tregua a sus pulmones para coger un poco de aire.

– Es que estábamos haciendo…, bueno, una postura muy rara… Y se clavó el culo en el grifo. Cuando se quiso separar se enredó con la manguera de la ducha y, al tirar, la alcachofa se soltó y cayó en su pie. Tenías que ver la estampa… Él retorciéndose de dolor y yo, que le quise ayudar, me resbalé y acabé espatarrada en la ducha… Pero a mi no me pasó nada ¿Qué raro, verdad?- Concluyó, irónica.

La relación entre Laura y su peculiar amigo “íntimo” giraba en torno a las enfermedades de este último. Bueno, a eso, y a los monólogos de ella, principal protagonista. Se conocieron en la cola del baño de un vuelo a Berlín, mientras él esperaba a limpiarse su nariz ensangrentada a causa de la alta presión. Desde ese mismo instante, surgió la complicidad entre ambos. Decidieron continuar el viaje juntos. Dejaron colgados a sus amigos y se cogieron una habitación en un pequeño hostal de Kreuzberg, el barrio más hipster de la capital alemana.

Él era callado y taciturno, y podía parase horas escuchando los hilarantes disquisiciones de su repentina compañera de viaje. La situación era perfecto para ella, quien gozaba cual diva pudiendo soltar su torbellino de elucubraciones mentales sin tener que respetar el turno para poder seguir hablando.

mensajes de whatsApp

Los dos tenían ese punto de locura… Ella lo dejaba salir a la intemperie, y él se lo guardaba para sí, lo que le daba un halo de intelectual-desquiciado-místico-espiritual que a Laura le volvía completamente loca.

Pero el viaje se truncó inesperadamente: El tercer día fueron a cenar a un asiático y al muchacho pareció sentarle mal. El dolor no remitía. Al contrario, cada vez era más intenso. Y lo que parecía una simple indigestión se convirtió en una peritonitis aguda.
Laura y Unai pudieron comprobar que los servicios sociales alemanes no son tan bonitos como los pintan. Por ser extranjero, Unai tuvo que esperar más de la cuenta para la operación y estuvo a punto de extirparse la apéndice con sus propias manos a causa del dolor.

Pero la aventura hospitalaria les unió aún más y desde entonces no se volvieron a separar. No tenían una relación seria, pero disfrutaban el uno del otro. Ella del silencio de él y él del bullicio de ella. Además, eran híper compatibles en la cama. Tal como decía Laura: “Debe concentrar toda la sangre en el pene y por eso enferma tanto… ¡no le quedan defensas para el resto del cuerpo!”.

– ¡Ah! Y no sabes otra que me ha dicho a la vuelta del ambulatorio.- Laura seguía, sin freno….
– Que está deprimido. ¿Y sabes por qué? – Helena ya había medio desconectado, pero en esta ocasión su amiga esperaba una respuesta.
– ¿Por qué, Laura, por qué? – Respondió Helena, desganada.
– Pues tía, ¡Porque follamos demasiado! ¿Te parece a ti esa una razón? Precisamente, eso es lo que a mi me gusta de nuestra relación…
– Hija, igual quiere algo más serio, yo que sé. Igual le gustas de verdad.

En esas estaban cuando Helena encontró entre los 125 mensajes de WhatsApp del grupo “Girls Power” y los 35 de “Latineo dominguero”, uno de un número que no tenía guardado.

– Hi, chica guapa española. I am still waiting to taste your amazing croquetas. I’ll bring the wine.

No…. el guiri de las croquetas no…. Aquel Tom de Bradford parecía ya un recuerdo difuso tras la resaca posterior.

Helena levantó la vista y le preguntó a su amiga.

– Laura, cariño, ¿Por qué soy tan pringada?


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Capítulo 4: Family Matters

cosas de familiaHelena disfrutaba de los viernes como si no hubiera un mañana. Al fin y al cabo, ella no era más que una chica del montón. Y vivía como cualquier bicho viviente. Tachando días en el calendario hasta la llegada de un fin de semana, de un puente, de unas vacaciones… Dejando pasar su vida entre metros, cafés, cruces de mails, convocatorias de reuniones y post-its con anotaciones. Como si algún día fuera a llegar el fin de semana eterno y no tuviera que esperar nunca más. ¿Quizá debería disfrutar de lo que hacía y no vivir anhelando un espejismo? Quizá… Pero seamos sinceros, no tenía ni los medios ni la fuerza de voluntad para conseguirlo. O eso pensaba ella.

La cuestión es que este viernes no quería otra cosa que descansar. Ni cerves, ni pelis, ni nada. Solo descansar. Llevaba una semanita intensa, saliendo entre semana y lidiando con los trepas de su trabajo. Pero justo cuando estaba cerrando el ordenador le llamó su madre.

Cariño ¿te acuerdas que es el cumpleaños de papá? ¿Vienes a cenar, no?

¡Horror! Lo había olvidado por completo. A la mierda su sueño dorado de llegar a casa y echarse una siesta de campeonato el único día de la semana que podía permitírselo. Tenía que ir a comprar un regalo y luego acudir a una apasionante cena entre primos, tíos y abuelos, a cada cuál más excéntrico. Y es que su familia era algo así como la Tribu de los Brady después de quince chupitos de whisky aderezados con barbitúricos. Eran divertidísimos, pero estaban locos de atar.

Cómprale a papá un jersey, que le hace mucha falta.

Vera, la madre de Helena, tenía un carácter tremendo y una falta absoluta de empatía. Eso no quería decir que no se preocupase muchísimo por los demás, que lo hacía. Pero solo se centraba en lo que ella creía que los demás necesitaban; nunca en lo que de verdad necesitaban. Si a ella le gustaba arroz con tomate, te echaba dos cucharadas, aunque tú lo aborrecieras. Si ella tenía frío, te tapaba, aunque tú estuvieras sudando. Si ella pensaba que había encontrado el hombre perfecto para ti, le acechaba en cada esquina de tu barrio hasta que le pillaba desprevenido. Y entonces le hablaba de ti hasta que le estallasen los tímpanos y tuviera que huir despavorido. Y, por supuesto, si ella creía que su marido necesitaba el quincuagésimo jersey de este invierno, no cabía duda de que lo necesitaba.

Además, Vera era una mujer de extremos. Un día te podía mirar con desprecio y decir que mejor hubiera sido criar cerdos que hijos; y otro día te comía a besos y te decía que eras el epítome de la perfección. Todos la adoraban porque se hacía querer. Pero todos la temían cuando tenía un mal día.

Pero la madre de Helena no era la única mujer de armas tomar de aquella familia. Entre los miembros de este singular clan había un hippie trasnochado con tendencia bipolar, una activista de Greenpeace casada con un senegalés profesor de Taekwondo, una mezzosoprano venida a menos y un broker antisistema.Tarta-cumpleaños- Esta noche, cuando llegó a casa de sus padres, se encontró a su tía cantando al piano una versión soul de Chop Suey! de System of a Down mientras el hippie daba clases de yoga tántrico a sus primos pequeños. Y entonces apareció la amiga cotilla de la familia, que por alguna extraña razón, era invitada a todos los eventos familiares.

¿Qué tal tu novio? ¿Tiene chatarrita? ¿Folla bien? Eso es lo más importante, hija. Me acuerdo de un italiano millonario que conocí en Santorini. Eso sí que era un tío…

Helena se zafó de ella con la misma negativa de siempre. Cuántas veces habría pronunciado las mismas palabras:

No tengo novio. Ni estoy desesperada por tenerlo, aunque todos vosotros estéis convencidos de lo contrario. Soy joven y disfruto de mi penosa vida como buenamente puedo. Y si lo único que hacéis es meterme presión, conseguiréis desesperarme. Y los tíos olerán mi desesperación y saldrán corriendo despavoridos como parece que acostumbran a hacer en los últimos tiempos ¿Es eso lo que queréis?

Y entonces era cuando su madre daba rienda suelta a su vena dramática.

Pero ¿cómo puedes acusarnos de semejante manera? Cuando lo único que hacemos es preocuparnos por ti y desearte lo mejor.

Parecía imposible que entendieran que no hacía falta tener un maromo al lado para ser feliz si no eres primero feliz contigo misma. Y lo que más le dolía, es que a veces le hacían dudarlo a ella misma. Pero después de cinco gritos y dos portazos, todo estaba arreglado. Solo era necesario que el bróker antisistema soltara una nueva y revolucionaria teoría para hacer tambalear la estabilidad del capital en pro de una economía de crowdfunding sostenible. Comenzaba el debate: todos se tiraban de los pelos y se llamaban gilipollas mutuamente. Y todo solucionado… Pero cuando Helena ya estaba tranquila y parecía que nada iba con ella, llegaba el turno de su padre.

Bueno hija, ¿Y a ti cuando te suben el sueldo?

¡Nunca! ¡Nunca! ¡Nuuuuunca! A ver cuándo se daban cuenta que el único sino de su adoraba hija era ser una mileurista solterona rodeada de gatos cuyo única satisfacción en la vida era quedarse dormida viendo telefilms cutres de sobremesa en Antena 3. Con esa bonita perspectiva vital Helana salió de casa de sus padres dispuesta a llegar al primer bar donde encontrara una cara conocida y beberse unos cuantos chupitos de lo que fuera. De repente, se le había quitado el cansancio. Qué cosas…


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Capítulo 3: El ladrón de ideas

chico hipster tomando un caféHelena llegó tarde a la reunión con su principal cliente. Había tenido una noche movidita con el guiri de las croquetas y ya iba con el tiempo justo. Pero si eso no era suficiente, el metro tuvo que detenerse tres paradas antes de su destino, por lo que le tocó cambiar de línea y esperar a que llegara el siguiente tren. No había comenzado la mañana con buen pie, eso estaba claro… Y además tenía un dolor de cabeza atroz y unas ojeras que le llegaban hasta la barbilla.

Entró en la sala de reuniones con los mofletes rojos y cara de velocidad. Estaba despeinada e iba barriendo el suelo con la bufanda. Llevaba apilados en los brazos todo tipo de adminículos que se le iban a caer de un momento a otro: iPad, bolso, maletita para el tupper, cuaderno…. Lo primero que vieron sus ojos al cruzar el umbral de la puerta fueron 6 miradas inquisidoras observándola fijamente.

Perdón por la tardanza – balbuceó con voz retraída, y se sentó de inmediato.

A Helena le tocaba lidiar desde hacía dos años con la jefa de marketing de una empresa familiar de esas de rancio abolengo. Su estructura era jerárquica y desfasada, su línea de comunicación rancia, y su capacidad para la innovación nula. Pues bien, a algún señor con corbata de los que encabezan la pirámide de mando, había hablado con su hijo pequeño y le había dicho que los jóvenes ya no ven la tele y que ellos también tenían que hacer algo “guay” en Youtube o Instagram. Pues eso era lo que había la agencia de Helena, llevar la campaña de comunicación digital de una empresa que todavía utiliza el fax como principal medio de comunicación. Y ahora les tocaba la ardua tarea de acercar su última colección de moda al público joven.

Con esa información salió Helena de la reunión. Era el momento de sentarse con sus colegas creativos para darle vueltas a la cabeza hasta que se les encendiese la bombilla. Helena admiraba sinceramente a algunos de sus colegas; sin embargo, estaba bastante hasta el gorro de sus arranques de ego. A ella le tocaba el trabajo sucio: el de gestionar las campañas, escuchar a los clientes y pedir cambios cuando estos no quedaban satisfechos. Pero ellos, los fabulosos creativos, eran seres divinos, iluminados por su extraordinaria inteligencia y genialidad sin igual.reunión de trabajo

Ella tenía que estar en la oficina a las 9 en punto y raro era el día en el que salía a su hora. En cambio, la “isla de los magníficos“, como solían llamarla, estaba desierta hasta bien entradas las 11 de la mañana, y allí circulaba sin pudor el tabaco y el alcohol, por no hablar de otro tipo de sustancias psicotrópicas que se movían extraoficialmente.

Helena estaba cansada de proponer ideas que nunca llegaban a nada. A veces, cuando salía a fumar con Valerie, su jefa, ésta le contaba anécdotas sobre cómo iba el “desarrollo creativo” de algunos de los proyectos más importantes de la compañía, y Helena no ponía reprimir sus ganas de hablar. Empezaba a lanzar ideas al aire, algunas torpes, otras realmente buenas. Pero su jefa siempre encontraba algún fallo, algún tropiezo u obstáculo del que Helena no se había percatado.

Otra de las peculiaridades de su agencia, que Helena llevaba muy a duras penas, era la fiebre compulsiva de “postureo”. Allí nadie era nada si no utilizaba anglicismos cada dos palabras:

“Esta reunión de kick off es fundamental para preparar al briefing de nuestra campaña de engagement y así convertirnos en el top of mind de nuestro target.”

O lo que es lo mismo: Vamos a pensar que hacemos para acercarnos a nuestro público…

La cuestión es que los creativos comenzaron rápidamente con el brainstorming, o hablando en cristiano, empezaron a escupir chorradas sin filtro a ver si así se les ocurría algo. El caso es que después de 45 minutos de estupideces del tamaño de un tanque japonés, Jaime alzó la voz. Se trataba de uno de los creativos que Helena más detestaba. Era terco, egocéntrico y nunca cedía a los razonamientos de Helena.

– Pongamos a los padres la ropa de los hijos, y a los hijos la de los padres.

– ¿Qué conseguiremos con eso, Jaime?

Apostilló Laura, la mejor amiga de Helena, quien además compartía con ella el mismo odio visceral por “el listo de los pelos“, como le solían llamar.

– Los padres se sentirán más jóvenes, activos y les dará por probar sensaciones nuevas que ya no creían para ellos. A los chavales puede que les tomen más en serio en el “insti”, y se sientan obligados a ser más responsables.

– Genial, Jaime… ¿Y?

Replicó Laura.

– ¿Es que no lo ves guapita?

Contestó Jaime con chulería.

– Primero, nos acercaremos al público joven, el que jamás se había fijado en esta marca de ropa, ya que nos meteremos en sus vidas, como en un puto Gran Hermano… Y después demostraremos que la ropa no es solo una camisa o unos vaqueros, sino que es una actitud. Que la ropa nos condiciona y nos identifica con lo que somos y queremos proyectar. Y ahora Peter & Co mola, ahora es puta tendencia y hasta el jodido Justin Bieber querrá formar parte de ella…

Valerie, comenzó a dibujar una sonrisa cada vez más entusiasta, mientras Helena echaba humo desde lo más profundo de su fuero interno. Hacía un par de meses, en uno de los descansos para comer, Helena hizo una propuesta casi idéntica, pero en este caso para una conocida marca de estética. Y Jaime se rió de ella sin piedad.

Ahora “el listo de los pelos” se había apropiado de la magnífica idea de Helena. Sí, de esa mismita que acusó de inocente y pueril. Y Helena no estaba dispuesta a cruzarse de brazos. Su mirada se encontró con la de su inseparable Laura. No hacía falta que hablasen. Sabían perfectamente en qué consistirían los próximos pasos. Porque ambas tenían muy claro que la venganza se sirve en plato frío.


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Tomemos las riendas de nuestro futuro, mejoremos el presente

Jerry Kaplan, famoso emprendedor del mundo digital, dijo en una ocasión: “El mejor momento para montar una empresa es cuando todo el mundo te dice que es imposible”. Detrás de estas palabras se esconde una realidad creciente que nos permite vislumbrar un futuro colorido dentro de un panorama que ahora muchos pintan en blanco y negro. Y es que innovar, emprender, creer en una idea y ponerla en práctica es, ahora más que nunca, posible.

Porque es en los momentos de incertidumbre cuando el ser humano agudiza el ingenio. Es ahora, que la seguridad se tambalea, cuando el hombre se atreve a soñar en grande y hacer realidad sus proyectos.  Porque si eliminas el miedo a fracasar sólo quedan las ganas de crear, de crecer y de aportar a esta sociedad lo que cada uno de nosotros quiere y puede ofrecer. Es cierto que para ello hay que creer en un proyecto y trabajarlo día a día, con esfuerzo e ilusión.  Y afortunadamente en nuestro país existen muchas personas con este tipo de inquietudes. Las nuevas vías de comunicación digital están sirviendo de punto de encuentro entre agentes sociales, empresariales y políticos, que permiten hacer de la suma de pequeñas fuerzas, un vehículo motor para el cambio. Las nuevas posibilidades del marketing y la comunicación digital, la democratización de productos y servicios a través de las redes sociales, la puesta en marcha de contenidos trasmedia como vía de cambio social, las posibilidades del networking  para el crecimiento empresarial… Las oportunidades se multiplican.

Tal como señala Javier Rodríguez Zapatero, CEO en Google España, “quien no vea que la revolución digital va a provocar cambios profundos en la sociedad, la gobernanza y las relaciones económicas está permitiendo que los árboles no le dejen ver el bosque”. Y es que debemos aprovechar este momento de transformación y coger las riendas de nuestro futuro, confiando en el poder de internet como sector tractor y aprovechando las posibilidades de la colaboración y la gestión óptima del talento. Womenalia, la primera red social para mujeres profesionales, quiere aportar su grano de arena con la celebración del Inspiration Day el próximo 21 de junio, un encuentro de más de 1.200 hombres y mujeres profesionales que pretende servir de inspiración para fomentar nuevas ideas y proyectos. Porque el talento existe, sólo hace falta aprovecharlo.

Entrevista a Margarita de Cos, coordinadora de la Delegación Española del Global Summit of Women

“Las mujeres debemos asociarnos y hacer networking para eliminar nuestras dos principales barreras: la falta de confianza en una misma y la falta de visibilidad”

Más de de mil mujeres provenientes de todo el mundo, entre las que se encuentran ministras de varios países, CEOs de diferentes compañías, y demás profesionales y emprendedoras, se reunirán del 31 de mayo al 2 de junio en una nueva edición del Global Summit of Women, que tendrá lugar en Atenas. El objetivo es compartir experiencias, ampliar su red de networking internacional y reforzar sus conocimientos sobre el papel de la mujer como motor del crecimiento económico. [Fuente Original: Womenalia]